Huele a sexo la cama de Wen,

Huele a sexo y el sexo huele bien.

Siento el cálido aliento de Wen entre mis piernas, entre beso y beso, mientras su lengua se pierde en mi sexo. Dentro de la densidad del verano y la tarde y la siesta, la carne pegajosa vibra un orgasmo. El mundo queda exiliado del otro lado de la puerta. Después del horror: caer, llegar, morir en esta cama llena de luz.

Esta soy yo devenida en orgasmo.

Pola no dice: ¿Qué cosas espantosas traemos a la cama?

Huele a hogar, huele dulce, huele al cuerpo de Wen, la saliva de Wen, el sexo de Wen. Huele a hogar por primera vez.

Mi corazón de alfiletero respira tranquilo: paz y resignación, la tarea de asumir al mundo. Wen es como un niño, destruyéndolo todo. Su rostro fue a Japón y yo recordaba su olor. Qué cosas estúpidas suceden en la vida.

Salta a la vista que su rostro está entero y mis brazos… mis brazos están mancillados.

Indefectiblemente todo en esta vida va a parar a algún lado, es un hecho y está bien. Cada día tomo el cóctel que preparó mi psiquiatra. Cada día me siento más cansada y más enferma. Cada día vengo a morir a esta cama y es lo único, lo único al final del día.

Este olor y esta cama. Este hogar.

Es difícil en estos días distinguir que ideas en mi cabeza son correctas, pero esta cama y este olor… esta cama y este olor son lo único seguro, lo único que está bien.

-Vi lo jodida que estoy en la cara de espanto de mi psiquiatra.-

La receta kilométrica, los diez días en cama, perderse al ir a los lugares de siempre y vomitar en la calle de camino a la facultad.

Esta soy yo deviniendo en trastorno.

Y la que pregunta me aterra es: ¿Cómo proteger a Wen?

Vi la pregunta y ahora comienza el proceso de hacerse a la idea. Negar y espiar, la idea sigue ahí.

Tengo que matar a Wen.

Y morir en el intento.

Pola dice: Lo que hayas hecho, puedo perdonarlo. Pero todo eso amor, todo eso que no hiciste, no tiene perdón.

Pin It on Pinterest