Hacer el pozo fue una sucesión de movimientos mecánicos.

Te preguntas si la bola en el pecho se fue, o si solo te acostumbraste a ella y ya no la notas.

Te la pasas cogiendo. No vas a lugares, no paseas. Vas del bar a la cama del perro, no asomás el hocico, ni salís de su habitación.

Pero, cuando estás sola: escribir.

Escribís a Wen, a María de las Flores Pútridas, escribís todo tu pasado como quien tira paladas de tierra a un cajón.

No conocés otra manera.

Un libro tiene dos tapas.

Un libro es una caja.

Una caja es un féretro.

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